La fe no requiere una creencia en un Dios exterior, sólo una creencia en flores. Pero si uno aprecia las flores, ciertamente está apreciando a Dios –no como una mera creencia mental, sino como un sentimiento de admiración y misterio–. La Ley de la Fe consiste en creer en el amor inherente y en la Inteligencia que trabaja a través de ti y en toda la creación.

La fe no es ciega. Todos conocemos a gente que es deshonesta o peligrosa, y por lo tanto debemos ser fuertes y cautelosos en este mundo. Esta es la razón por la que una santa árabe ofreció el recordatorio: Cree en Alá, pero ata a tu camello.

Practicar la Ley de la Fe no significa confiar en todas las personas para hacer la cosa más adecuada. Tiene un significado más trascendente y superior. La Fe es el reconocimiento de que el Espíritu Santo trabaja, a través de cada uno de nosotros – a través de cada persona y cada circunstancia. La Fe implica también una actitud de que cualquier cosa que suceda sirve un bien superior, a pesar de las apariencias contrarias.

¿Qué pasaría si supieras con certeza que una inteligencia superior estuviera trabajando a través de ti y a través de todo el mundo por el mejor bien de la humanidad; que de hecho hay un propósito para cada placer y dolor? La Ley de la Fe no necesariamente requiere que creas esto, pero te guía para que vivas tu vida como si esto fuera cierto.

Y mientras vives en la Luz de esta Ley, ésta transformará tu percepción y experiencia del mundo. Comenzarás a ver cada dificultad como una prueba para instruirte; encontrarás lecciones y oportunidades en cada reto.

La fe no es lo opuesto de la razón. Aplicar la Ley de la Fe es una de las cosas más prácticas, razonables, y constructivas que puedes hacer para vivir una vida inspirada.

La fe es el orden Divino que propagan todas las cosas, la luz bajo tus ojos, la inteligencia del Amor y de los misterios que se emanan del corazón de la creación.

Escucha a la sabiduría intuitiva de tu corazón, tu Inteligencia Espiritual, donde habla el Espíritu Santo dentro de ti. Hay tanta gente que sólo se apoya en los libros, los profesores, científicos, físicos, oráculos, u otros para pedir consejo o para que les dirijan, o para validar sus puntos de vista...

La confianza en uno mismo se desarrolla naturalmente, a partir de tu propia experiencia; aprendes a desarrollar, equilibrar e integrar la confianza en tus instintos corporales, las intuiciones de tu corazón, y las habilidades de tu mente, accediendo de esta manera a tu propia Inteligencia Espiritual.