Romper los códigos de la sociedad es como nadar hacia arriba por un río, contra la corriente de los valores contemporáneos. Puede ser hecho si es el deseo más profundo de tu corazón, pero hace la vida más difícil – exhausta – y tiene consecuencias... Como agitar las creencias y emociones de otros que se toman esas creencias muy en serio.

Seguir los estándares de vuestra sociedad y evitar lo que no está considerado ético, legal, o moral, no es cosa de integridad; eso es tener sentido común.

Mantén los ojos bien abiertos, y pon más atención a la Inteligencia Espiritual de tu corazón en vez de complacer o negar impulsos o deseos aleatorios. Sigue la guía en integridad de Martin Luther: Ama a Dios y haz lo que te apetezca.

La Ley de la Integridad pide una genuina expresión de nuestra realidad interior.

También reconoce que si la envidia, la avaricia, y la manipulación influencian nuestras acciones y expresiones, las consecuencias son inevitables, están construidas en la mecánica del universo. Al romper las Leyes Espirituales, el propio acto es el castigo, poniendo en movimiento fuerzas sutiles las consecuencias de las cuales no nos podemos escapar más de lo que nos podemos escapar de la ley de la gravedad.

El mundo natural está repleto de tal autenticidad; el caudaloso río, el movido viento, y los ruidosos grillos están contentos de ser ellos mismos. ¿Estás tú completamente contento con quién eres – no ser nada más, ni nada menos?